Nuestra Historia

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Siempre había trabajado en firmas de mujer. Pero yo quería diseñar ropa para niñas. Me apetecía introducirme en el mundo de los pequeñajos, hay mucho por hacer. Necesitaba buscar una idea que me diferenciara del resto de marcas que existen en el mercado. Un día se me encendió la bombilla de la forma mas inesperada. En Facebook encontré la foto de una amiga con su compañera de trabajo. Las dos habían ido a la oficina vestidas exactamente igual. ‘¡Vaya chasco!’, pensé. Ellas se lo tomaron con humor y pusieron ‘¡Como auténticas TWINS!’. De repente me vino todo a la cabeza: diseñaría ropa para niñas y haría la copia en miniatura para que pudiera vestir a su muñeca del mismo modo. Como auténticas gemelas. Con los días fui dándole forma. Para que todo estuviera redondo crearía mi propia muñeca y mi marca se llamaría ‘My Little Twin’.
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Una tarde me quedé en Babia mirando una colección de muñecas que tengo en casa. Mis ojos fueron a parar a una que me regaló mi abuelo hacía más de 30 años. Venía dentro de una carcasa en forma de helado de chocolate. La abrí y la olí… ‘Ummmm’. Tres décadas después el olor a chocolate seguía allí (también huele un poco a rancio, esa es la verdad). Mi bombilla volvió a iluminarse: ¿por qué no hacía eso con mis muñecas? ¡Me encantaba la idea! Cada una tendría su propio olor: fresa, helado, mora… Una vez más, la montaña rusa bajaba a toda prisa y yo contentísima por mi nueva ocurrencia. Nunca imaginé los quebraderos de cabeza que me traería esto después para cuadrar todos los olores, pero como soy muy, muy cabezona no me rendí.

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El 3 de junio de 2016 (lo recuerdo como si fuera ayer) me fui con una amiga a comprar el ordenador con el montaría mi empresa. El vendedor me lió y terminé comprando el mejor del mercado. ‘Ya pueden salirme bonitos los diseños’, pensé. Me hice con una mesa de trabajo perfecta, esta vez de segunda mano, había que empezar a optimizar el dinero. ¡Hala!, ya tenía todo lo necesario para empezar con mi proyecto… o eso creía yo. Siete días más tarde, me senté delante del ordenador, ¡vaya! ¿por dónde empiezo?’… ‘¿Qué hago ahora?’ … No era capaz de escribir ni una sola palabra ¡El síndrome de la hoja en blanco existe! Ese día no pude hacer nada. Decidí cambiar de estrategia. Empezaría diseñando la que sería mi muñeca. La muñeca TWIN. El resultado me sorprendió. Me enamoré de ella, de su mirada infantil e inocente, de sus mejillas redondeadas. ¡Ya la tenía!.
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Más contenta que unas castañuelas me puse a buscar fabricantes españoles de muñecas, pero poco me duró la alegría. No sé con cuantos pude hablar. Todo eran problemas. Finalmente di con Kiko, de muñecas Arias, que accedió a escucharme. Quedamos para vernos en una cafetería de Madrid. ¡Vaya nervios!, seguro que cuando le presente mi proyecto le parece una locura o peor aún, una tontería, pero ‘no tengo nada que perder’, pensé. Total, que allí aparecí yo con mis manos temblorosas y una carpetilla llena de sueños. Para mi sorpresa, lejos de reírse de mí, le gustó mi idea. Decidió ayudarme para que pudiera poner en marcha mi proyecto. Si ese fin de semana hubiera tenido una botella del mejor Moët & Chandon en casa no hubiera dudado en abrirla para celebrarlo.
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Para ese entonces también conseguí un proveedor. Después de semanas de búsqueda y portazos, encontré a uno que accedía a hacerme los vestidos con mis pequeñas cantidades. ¡Vaya suerte! Aunque si lo pienso bien de 100, 1 dijo SÍ.

Así fui viviendo continuos viajes en mi propia montaña rusa. Momentos de subidón que se apagaban de golpe con nuevos problemas provocándome frustración y desasosiego. Pero nunca, en ningún momento, pensé en abandonar.

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He tenido la gran suerte de ir modelando un negocio precioso, enriquecedor y muy fresco. 100% mío, del cual estoy muy orgullosa y me siento ansiosa por ponerlo en marcha. Muero de ganas por ver a vuestras hijas vistiendo mis diseños. Incluso también a la mía. Porque además de mujer, soy una madre con muchos sueños como cualquiera de vosotras.

Sed felices y perseguid vuestros sueños. ¡Yo lo estoy haciendo!

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